La intensa semana política posterior a Semana Santa y Pascua dio un giro que no se esperaba. Citlalli Hernández dejó la Secretaría de las Mujeres para regresar al partido y encabezar la Comisión Nacional de Elecciones, justo cuando se abre la antesala del proceso de 2027, en el que estarán en juego la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, 30 congresos locales y casi 2,000 ayuntamientos.
No le entregaron una ventanilla menor: le entregaron una parte central de la operación política del oficialismo para el siguiente ciclo electoral y la posibilidad de que la presidenta Sheinbaum gobierne en la segunda parte del sexenio con la cómoda mayoría que ahora tiene.
La señal es todavía más nítida por la razón de su llegada. Luisa María Alcalde y la propia presidenta Claudia Sheinbaum explicaron que Citlalli vuelve para ayudar en el proceso de alianzas, y la propia exsecretaria asumirá la nueva comisión con el encargo de encabezar mesas de diálogo, limar fricciones y construir acuerdos con el PT y el PVEM.
En los hechos, eso la coloca desde ahora como una de las operadoras clave de Morena hacia 2027: la que tendrá que ordenar candidaturas, método, negociaciones y convivencia con aliados cada vez más exigentes.
Y si esa nueva responsabilidad necesita una primera prueba seria, esa tiene nombre propio: San Luis Potosí.
Hasta hoy, en ningún otro estado el desafío del Verde a Morena se ha vuelto tan visible, tan frontal y tan cargado de simbolismo.
Desde territorio potosino, la dirigencia nacional del PVEM lanzó el mensaje de que está lista para competir sola en 2027 y repetir la ruta con la que ganó la gubernatura en 2021, ahora con Ruth González al centro de la ecuación política.
Fue una demostración de fuerza montada desde el bastión más sólido del Verde en el país.
Por eso el caso potosino rebasa con mucho la lógica local. Aquí no sólo se discute una candidatura; se pone a prueba la autoridad política de Claudia Sheinbaum y la capacidad de Morena para construir pactos.
La presidenta empujó la prohibición del nepotismo, pero para sacar adelante la reforma el oficialismo terminó moviendo su entrada en vigor constitucional hasta 2030; después, Morena decidió colocar ese candado en sus estatutos desde 2027. Justo ahí aparece la fricción: mientras el partido guinda intenta presentarse como fuerza que fija límites, el Verde empuja en favor de Ruth González.
En ese contexto, la llegada de Citlalli abre una nueva oportunidad de arreglo, pero también la expone a su examen más delicado. Ya arranca en Morena el proceso de encuestas y definición interna, mientras el PVEM y el PT han pedido que se respalde a sus aspirantes punteros en los estados donde aseguran tener ventaja.
En otras palabras, la discusión no es solo si habrá alianza, sino bajo qué términos, con qué reglas y con qué jerarquías.
Y ahí San Luis Potosí será el laboratorio decisivo: si Citlalli logra encauzar esa tensión, habrá demostrado oficio; si no, el caso potosino puede convertirse en la grieta que contamine toda la negociación nacional.
Este nuevo vuelco político pone el expediente potosino al centro de la cancha política.
La llegada de Citlalli le da aire a una eventual recomposición entre Morena y el Verde, pero también confirma que el mayor reto para esa alianza pasa por arreglar sus diferencias en SLP.
Al final de esta intensa semana, el caso potosino quedó, otra vez, en suspenso, luego de que parecía inminente la ruptura.