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Sección: Cultura
Pompeya, ciudad de secretos
10/01/21 | 15:39 | Por: Agencias
Los últimos hallazgos arqueológicos han revelado los hábitos alimenticios de los antiguos pobladores de la ciudad.
Cruzar las puertas de Pompeya significa retroceder casi 2.000 años en el tiempo. Esta urbe del sur de Italia, situada a los pies del Monte Vesubio, conserva sus calles, casas, tabernas, templos y demás edificios, tal y como sus habitantes y la furia del volcán los dejaron en el siglo I.

La que un día fue una próspera ciudad portuaria (aunque hoy el mar queda a varios kilómetros de allí) se ha convertido en el yacimiento arqueológico más importante de cuantos perduran de la civilización romana.

Las excavaciones comenzaron en el siglo XVIII, pero en la actualidad se siguen produciendo nuevos hallazgos que nos permiten conocer la antigùˆedad un poco mejor. En Pompeya conviven a diario turistas y arqueólogos. El trabajo de estos últimos sigue sacando a la luz imponentes edificios, impresionantes pinturas y datos reveladores sobre la historia de la ciudad y su funesto final.

ARQUEOLOGÍA Y TURISMO
La gran erupción del Vesubio sepultó Pompeya bajo una gran capa de material volcánico que la conservó durante cientos de años tal y como era en el siglo I. Las excavaciones comenzaron en 1748 y, ya entonces, la antigua ciudad romana llamó la atención de viajeros de distintos países. Hoy, el yacimiento arqueológico es una de las principales atracciones turísticas de Italia.

Recorrer las calles de Pompeya es como pasear por el pasado. Allí se alzan, desafiantes al paso del tiempo, impresionantes edificios como el anfiteatro, el gimnasio grande, las termas, el templo de Isis o el de Apolo. También se conservan tabernas, panaderías, lavanderías y el lupanar de la ciudad, con sus camas de piedra y sus escenas eróticas pintadas en las paredes.

Asimismo, se pueden visitar varias domus (las casas de los ciudadanos más acomodados). Una de las más famosas es la casa del fauno, que recibe su nombre de una pequeña estatua de un fauno danzando que adornaba el impluvium (un estanque rectangular de poca profundidad que servía para recoger el agua de lluvia). En esta casa también se encontró un mosaico que narra la batalla de Issos entre Alejandro Magno y el rey persa Darío.

En algunos de los edificios se pueden contemplar los calcos de varias de las víctimas de la erupción realizados con yeso.

LOS CALCOS
El arqueólogo Llorenç Alapont explica cómo se hicieron estas copias de los pompeyanos. “Las personas, los animales y las plantas quedaron cubiertos de ceniza. Con la lluvia, el fango y la ceniza se creó una especie de arcilla que se endureció con el calor de la lava que la cubrió posteriormente.

Una vez que la materia orgánica se descompuso, quedó en este material un espacio vacío con la forma de los seres que estuvieron allí sepultados”, expone.

En el siglo XIX, a Giuseppe Fiorelli, que entonces era director de las excavaciones, “se le ocurrió la idea genial de rellenar ese espacio vacío con yeso. Después fue retirando la arcilla que cubría el yeso y así obtuvo un negativo de la imagen de la persona, el animal o la planta que allí pereció”, señala. Alapont aclara que en el interior de los calcos están los esqueletos de las personas, de los animales o los restos orgánicos de las plantas.

El arqueólogo comenta que el estudio de los calcos ha permitido conocer muchos detalles de la vida de los pompeyanos. “Tenemos los restos esqueléticos de personas congeladas en el tiempo y el estudio antropológico de dientes y huesos nos ha permitido saber que en su dieta había gachas y también miel, pues muchos de ellos tienen caries.

También son muchos los que tienen enfermedades artrósicas derivadas de una actividad física continua, es decir, la mayoría eran trabajadores”, especifica.

“COMIDA PARA LLEVAR”
Hace unas semanas se dio a conocer el hallazgo de un termopolio, el lugar donde se servía comida y bebida a los habitantes, intacto y decorado y con aún restos de alimentos.

El ministerio de Cultura italiano y el área arqueológica anunciaron lo que consideraron “otro descubrimiento extraordinario en Pompeya, en las nuevas excavaciones emprendidas dentro del proyecto de mantenimiento y restauración de la Regio V”.

Se trata de termopolio, donde se solía servir comida a las clases más bajas de la ciudad, perfectamente conservado con el mostrador con la imagen de una ninfa marina a caballo y otros animales con colores tan brillantes que parecen tridimensionales, explican.

Pero lo que más ha sorprendido a los arqueólogos es el descubrimiento en los envases con restos de esta comida que se vendía en la calle y que es el origen de la “comida para llevar”.

Los primeros análisis confirman que las pinturas del mostrador representan, al menos en parte, los alimentos y bebidas que realmente se vendían dentro del termopolio: dos ánades reales están representados entre los cuadros del mostrador y, de hecho, se ha encontrado un fragmento de hueso de pato dentro de uno de los recipientes, junto con cerdo, cabras, pescados y caracoles de tierra, atestiguando la gran variedad de productos de origen animal utilizados para la elaboración de los platos.

En el fondo de un dolio, identificado como un recipiente de vino en la base de la botella para beber, que se encuentra en el interior, se identificó la presencia de habas, intencionalmente molidas, que como aseguraba Apicius se utilizaron para modificar el sabor y el color del vino, blanqueándolo, lo cual es testimonio de sus costumbres gastronómicas.
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