A medida que la violencia empeora en la guerra por las drogas en México, los apodos de los capos mafiosos se han vuelto más sombríos
Cuando fueron capturados El
Comegusanos y La Rata, llevaban cinco granadas y aproximadamente un millón de
dólares en efectivo. A Basura lo agarraron tratando de extorsionar a
conductores de autobús, según la policía, y La Puerca era notorio por la manera
como mataba a sus enemigos. Se dice que El Vago" calcinaba a sus víctimas
y las enterraba en fosas clandestinas.
A medida que la violencia empeora en
la guerra por las drogas en México, los apodos de los capos mafiosos se han
vuelto más sombríos, reflejo de su actitud impersonal y casi industrial hacia
la violencia.
Ya no hay apodos como El Rey (Jesús
Zambada García), El Señor de los Cielos (Amado Carrillo Fuentes) o El Jefe de
Jefes (Arturo Beltrán Leyva), quienes están muertos o presos. Los capos de
rango mediano llevan ahora nombres como El Mataperros. Ese era el de Baltazar
Saucedo Estrada, presunto líder del cártel de Los Zetas.
Según expertos, la muerte o captura
de los capos ha dejado a matones de menor rango a cargo del negocio criminal,
inclinados hacia actos más brutales como matanzas y desmembramientos. En vez de
matar a los enemigos por dinero o territorio, muchos de los narcotraficantes de
hoy, especialmente Los Zetas, consideran que matar gente es parte de la
empresa, algo necesario para imponer su voluntad sobre la población.
"Lo que estamos viendo es un
apodo distinto que refleja una manera distinta en la que los criminales se
identifican y a las nuevas formas de violencia", comentó Martín Barrón,
experto en criminología del Instituto Nacional de Ciencias Penales de México.
México ya había sufrido bastante de
la narcoviolencia a partir de la ofensiva del gobierno contra el crimen
organizado en 2006. El baño de sangre se ha intensificado y se ha vuelto parte
de la vida diaria, especialmente con crímenes que enfatizan la cantidad de
muertos. La atrocidad más reciente ocurrió en mayo, cuando 49 cadáveres fueron
arrojados al lado de un camino en el norte de México sin cabezas, brazos ni
piernas.
"Estamos viendo una violencia
cada vez más bestial... en que la otra persona es deshumanizada", comentó
Barron. "Ya no importa qué le haces o no haces a otra persona".
Saucedo Estrada, (El Mateperros),
supuestamente ordenó a sus secuaces prenderle fuego a un casino en Monterrey el
año pasado como castigo a los propietarios por negarse a pagar extorsión.
Murieron 53 personas, y Saucedo Estrada fue arrestado en enero. No se sabe por qué
se llama así: los narcotraficantes suelen tildar de "perros" a los
enemigos o a la policía, y se dice que a los jóvenes reclutas se les obliga
desmembrar perros como práctica para luego hacerlo con seres humanos.
Otro capo de rango medio de los
Zetas, William de Jesús Torres Solórzano, alias (El Comegusanos), era
supuestamente el encargado de finanzas del cartel. Es posible que su apodo vino
del entrenamiento extremo a que los criminales son sometidos, parecido al de
los comandos guatemaltecos Kaibil, en que los reclutas tienen que comer
insectos a fin de sobrevivir en la jungla.
La Puerca (Manuel Fernández
Valencia) al parecer era cercano a Joaquín "El Chapo" Guzmán y su
sobrenombre al parecer se debe a la manera "puerca" en que mataba a
sus adversarios. También se le conocía como El Animal.
El nuevo estilo de apodos refleja
"cierto cinismo, como burla", expresó Pedro de la Cruz, profesor de
temas de seguridad en la Universidad Nacional Autónoma de México.
"Estos sobrenombres reflejan el
hecho de que ellos mismos no se toman en serio", como hacían capos
anteriores, que eran sujetos a códigos de conducta y pertenecían a clanes
familiares tipo mafia, con normas de complicidad y obediencia, dijo de la Cruz.
Más escalofriantes son los
sobrenombres que nadie se atreve ni a pronunciar por lo peligroso que son,
expresó Barrón.
Mauricio Guizar, presunto capo de
los Zetas en el sur de México, quien fue arrestado en julio, era El Amarillo,
al parecer por su tez. Pero la marina mexicana sostiene que muchos simplemente
le llamaban "El Color" porque estaba prohibido pronunciar su nombre.
En regiones como Tamaulipas, en la
frontera con Estados Unidos, nadie siquiera habla de los Zetas. Se hace
referencia oblicua al grupo llamándolo "La Letra" o "La Ultima
Letra".
"En algunas partes de
Tamaulipas, si tú compras un periódico que vale siete pesos y te cobran diez,
te dicen 'los otros tres pesos son para 'La Compañía'. Ni siquiera mencionan al
cartel", dijo Barron.
Por supuesto, hay algunos criminales
que usan apodos simplemente extraños.
En junio fue capturado en Chihuahua
José Guadalupe Rivas, presunto capo del cartel La Línea, que dominaba las
ciudades de Juárez y Chihuahua. Rivas, que al parecer supervisaba la
distribución de drogas y la red de comunicaciones de esa banda, tenía el nombre
de Zucaritas.
En mayo en Jalisco, fueron
arrestados varios gatilleros del cartel La Familia, entre ellos uno que se
hacía llamar "El Mofles" (Gerardo Fernández Covarrubias) y otro con
el apodo de Yogurt.
Juan Abelardo Hernández, experto en
cuestiones culturales en la Universidad Panamericana, dijo que el personaje de
"El Guasón" en las películas de Batman posiblemente inspiró una nueva
generación de narcotraficantes ávidos de tener un sobrenombre irónico. De hecho
uno de los sospechosos de la matanza de siete personas en Morelos en el 2011,
César Galindo, se hacía llamar El Guasón.
Hernández dice que los matones de
hoy, por lo general jóvenes de veintitantos años, posiblemente estén usando los
nombres que usaban cuando eran chicos en juegos de internet, en lugar de algo
que indique su rango o su trabajo en la organización criminal.
La idea no es tan descabellada,
considerando que los carteles han demostrado ser expertos en los medios
electrónicos, colocando videos de sus crímenes en blogs, sitios sociales y
sitios de videos.
"Es una generación
distinta", dijo Hernández, "una que busca personalidades alternas,
imágenes en la red, personajes o avatares".